Con motivo del centenario del nacimiento de Luis García Berlanga (1921-2021), la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en las inmediaciones de la Puerta del Sol de Madrid, acoge la exposición Berlanguiano. La muestra nos acerca de forma lúcida y emotiva al universo artístico del cineasta valenciano.
Organizada por la Academia de Cine, la exposición se distribuye en tres salas. En la primera, se recogen los inicios del gran creador, a finales de los 40 y en la primera mitad de los 50. Observamos fotografías de un Berlanga muy joven, alumno del IIEC (Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas), donde trabó amistad con un muchacho que también sería clave en el cine español: Juan Antonio Bardem. Vemos los cuadernos de los primeros guiones de Berlanga, firmados en colaboración con Bardem: Cerco de ira (1949) y La huida (1950).
En esta sala inicial, contemplamos instantáneas de las Conversaciones de Salamanca, en mayo de 1955, que fueron para el cine lo que las Conversaciones de Formentor, en 1959, para la literatura. Los diálogos salmantinos los impulsaron Patino y varios jóvenes del Cine Club de Salamanca. En una imagen, sentados, atentos, vemos a Berlanga y Fernán Gómez, que se profesaron una admiración mutua a lo largo de su vida, pero que solo trabajaron juntos en el primer largometraje berlanguiano, Esa pareja feliz (1951), y en uno de los últimos del director de Valencia, Moros y cristianos (1987).
Seguidamente, la sala más extensa contiene un viaje por la filmografía de Berlanga, que recorre toda la segunda mitad del siglo XX. Los textos, breves y muy bien redactados, acompañan a la perfección a las fotografías, las imágenes de las películas, los carteles cinematográficos, los recortes de prensa y otros documentos que hacen de la exposición una delicia para el público, sea berlanguiano o no.
Una de las instantáneas más entrañables pertenece al rodaje de Los jueves, milagro (1957): Isbert tocando el piano, con los ojos cerrados; encima del instrumento, tumbado, López Vázquez, que se da un aire a Groucho Marx; al lado de los actores, declamando un fragmento, Berlanga.
La muestra no obvia los problemas que el cineasta tuvo con la censura franquista. Precisamente, en Los jueves, milagro se eliminaron ocho minutos de filmación y se introdujeron veinticinco cambios en la película. La dictadura también obligó a Berlanga a modificar el título primigenio de Plácido (1961): Siente un pobre a su mesa.
No obstante, gracias a su inmenso talento, a su valentía, a su audacia, Berlanga sacó adelante Plácido (1961) y El verdugo (1963), que pusieron de manifiesto al mundo la sombría realidad española: en España se pasaba hambre, en España se mataba. Franco, demostrando su cerrazón mental e intransigencia, llegó a decir: «Yo sé que Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español».


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