La exposición Antoni Tàpies. La práctica del arte es una retrospectiva del centenario del nacimiento de Antoni Tàpies (1923-2012).
El Museo Reina Sofía y la Fundació Antoni Tàpies han organizado, con la colaboración de la Comunidad de Madrid, la muestra ‘Antoni Tàpies. La práctica del arte’, que se puede visitar en el Museo hasta el 24 de junio. Se trata de la mayor retrospectiva celebrada hasta hoy del artista y toma su título de la primera compilación de sus escritos, publicada en 1970.
Antoni Tàpies. La práctica del arte
Antoni Tàpies. La práctica del arte abarca cerca de 220 obras procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, la colaboración de la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona y los préstamos de la familia del artista permiten al espectador obtener una formidable visión de la dilatada carrera artística de Tàpies —desarrollada entre 1943 y 2012—, en la que experimentó con las propiedades expresivas de la materia y del lenguaje sin dejar de reflexionar en ningún momento sobre la pintura y la representación.
La exposición Antoni Tàpies. La práctica del arte transita por toda su trayectoria, partiendo de unos inicios marcados por la herencia de las vanguardias históricas y su vinculación con el grupo artístico Dau al Set. Los primeros años de la década de 1950 evidencian el paso hacia una prolongada experimentación con la materia que hace despegar la carrera del artista en el ámbito internacional. Durante los años sesenta Tàpies lleva a cabo una serie de tentativas objetuales al tiempo que en su trabajo se hace más explícito su compromiso político antifranquista. La llegada de la democracia a España, y con ella de una nueva realidad cultural, coincide con nuevas investigaciones matéricas, la incorporación del barniz y un interés creciente en la espiritualidad oriental. Su trabajo es entonces más depurado, alcanzando cotas de gran lirismo. Un sentimiento de nostalgia invade la obra de Tàpies en sus dos últimas décadas. Consciente de su avanzada edad, la temática de la muerte y de la enfermedad llega a dominarlo todo.
Asociado a la abstracción y al informalismo de posguerra por sus rasgos expresionistas, Tàpies se consideraba un pintor realista más que abstracto y su empleo inconfundible de la materia para crear formas y objetos le otorgan una identidad propia. Tremendamente prolífico, el trabajo de Tàpies se asemeja a un compendio en permanente construcción. El artista, en lugar de concebir sus obras de forma aislada, las relacionaba con otras anteriores y posteriores, una práctica que resulta crucial en su arte, siendo esta “conformación de entornos” una inspiración a la hora de seleccionar y mostrar las obras en esta exposición, algunas de ellas reunidas para la ocasión tras varias décadas.
Como indica el comisario de a exposición Antoni Tàpies. La práctica del arteManuel Borja-Villel en el catálogo de la muestra, para Tapies el tiempo “era espiral. Hay mutaciones y cambios en su obra y desde las materias de los años cincuenta a los barnices de los ochenta hay una evolución. Pero esta no se fundamenta en una progresión, en un quemar etapas, en un desarrollo lineal, sino en las superposiciones, repeticiones y ritornelos”.
Antoni Tàpies
Artista autodidacta, gran melómano y bibliófilo, Tàpies escribió y reflexionó sobre la condición humana, su situación histórica y la práctica artística, especialmente sobre los límites y contradicciones de la pintura. Sus inicios están marcados por la herencia de las vanguardias históricas y su vinculación, hasta principio de la década de 1950, con el grupo vanguardista catalán Dau al Set. A partir de entonces, inicia una prolongada etapa de experimentación con la materia que le otorga el reconocimiento internacional.
A partir de la década de 1960, lleva a cabo una serie de tentativas objetuales en las que la materia presente en su pintura comienza a cobrar la apariencia de objetos cotidianos, al mismo tiempo que emplea estos para la creación de obras tridimensionales. Además, su compromiso político antifranquista se hace más explícito en su trabajo. El comienzo de la democracia en España coincide con nuevas investigaciones matéricas, la incorporación del barniz y la influencia de la espiritualidad oriental, que dan lugar a obras más depuradas que alcanzan cotas de gran lirismo.
En sus últimas dos décadas, caracterizadas por el cambio de siglo, un sentimiento de nostalgia invade su obra: consciente de su avanzada edad, la muerte y la enfermedad se convierten en temas dominantes.


Deja una respuesta