Descripción
En DÄMON. El funeral de Bergman, Angélica Liddell invoca al cineasta sueco Ingmar Bergman, quien escribió el guion de su funeral como si fuera su última obra maestra, y le toma la palabra.
En la obra DÄMON. El funeral de Bergman, Angélica rodeada de actrices y actores del Dramaten –el Teatro Nacional de Suecia– y de sus habituales cómplices de su compañía, la gran intérprete española nos invita a contemplar nuestras fantasías enterradas y nuestros terrores tácitos, hasta tener que enfrentarnos al demonio final: no la Muerte, sino la Vanidad.
Los espectáculos de Angélica Liddell arrojan luz sobre “lo que uno no se atreve a hablar en las cenas”: este discurso ardiente que encuentra refugio en el escenario y que ella llama “la pornografía del alma”.
No hace todavía un año que la creadora de Figueres fascinaba al público del Temporada Alta invitándolo a celebrar su propio funeral, una ceremonia hecha con imágenes poéticas titulado Vudú (3318) Blixen y que ya contenía referencias al cineasta Ingmar Bergman. Fue el primero de una serie de funerales escénicos que se aproximan a la idea de la muerte desde el momento en que se empieza a presagiar su llegada. Si Vudú era un viaje al funeral de la propia artista, en Dämon confirma los demonios que la rodean bajo la influencia de Ingmar Bergman. La trilogía terminará con Eón, o la lucha de Liddell “por desaparecer totalmente del escenario”, como ella misma anuncia.
DÄMON. El funeral de Bergman
En Dämon el funeral de Bergman asistiremos al funeral que Bergman diseñó para sí mismo, aunque también veremos referencias a las creaciones preferidas del autor, como El sueño, de Strindberg, una de las obras que Bergman puso repetidamente en escena.
En la obra Dämon el funeral de Bergman trabajan de nuevo los mismos actores y actrices que luego recrearán el funeral de Bergman, unos intérpretes procedentes del Dramaten, el principal teatro de Suecia, donde el propio dramaturgo y cineasta se formó, donde trabajó muchos años y desde donde transformó la escena de su país.
Demonios, sueños y fantasmas en una creación en la que vemos a un Bergman que aspira, en sus últimos días, a una muerte dulce, que sigue en directo por televisión el funeral del papa Juan Pablo II y que encarga una caja de madera exactamente igual a la que se utilizó para el Santo Padre para su propio entierro. El de Juan Pablo II fue un funeral multitudinario retransmitido para el mundo entero. Del de Bergman poco se sabe, aunque ahora llega a escena tal como él mismo lo diseñó, incluyendo los himnos que se habrían cantado y las interpretaciones musicales que habrían sonado.


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